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Desde Ciudad de México nos
escribe Don Luis Ángel Silva “Melón”
el gran sonero mexicano nos cuenta una de
sus anécdotas…disfrútela
Señor Juan
Carlos Ángel (director de la Revista
“El Sonero de Barrio”)
Mi querido asere, monina,
bonkó, enkrúkoro, bonecue,
iyamba:
Me dio mucho gusto recibir tu emilio (email)
porque pensé que no te habían
gustado mis comentarios y estabas molesto
con éste “tu servilleta”.
Por lo tanto, te pido que me hagas saber
si recibiste estas líneas a la brevedad
posible, así mismo espero las revistas.
Marcos Salazar te dará mi número
telefónico.
Ahora sí, “a
lo que truje Chencha”, o lo que es
lo mismo, entremos en materia, así
que va de anécdota, mi nagüe.
Sin vanidad, ni jactancia,
puedo decirte que he tenido la suerte de
estar en el lugar preciso, a la hora exacta
y esto que voy a relatar para mi vale un
Potosí, sin duda uno de mis recuerdos
más preciados.
Sucedió en un cabaret
ya desaparecido llamado Bremen, más
o menos en 1950. Este servidor trabajó
en ese lugar en 1949 y solía frecuentarlo
para darme el gusto de escuchar a Cheo Marquetti
que después de una temporada exitosa
en Puebla, hizo del Bremen su cuartel general,
inundándolo noche a noche de jícamo
y saoco, dando cátedra del buen son,
que sin duda fue tremendo exponente ¡sí,
que sí!
El sitio cerraba sus puertas
a las seis de la mañana, pero faltando
15 minutos para la hora, el portero (un
exboxeador) empezaba a bajar la cortina
metálica, mientras el grupo que acompañaba
a Cheo se disponía a interpretar
la última de esa noche. En eso, una
voz pedía desde la entrada “Guajira
en la”, que no era otra más
que La Guantanamera, mientras apresuradamente
se dirigía a la tarima.
Este, tu enkobio, no daba
crédito a lo que estaba pasando.
Busqué acomodo cerca de lo que fue
el escenario de la controversia más
impresionante que haya presenciado y me
dispuse, como dijo Arsenio, a gozar de una
manera espantosa.
Aquella voz que pedía
Guajira en la era, ni más ni menos,
que la de Beny Moré, así que
Cheo se dirigió al pianista y le
dijo, “Ramoncito, vamos a complacer
al caballero. Por favor, Guantanamera en
la”. En esa controversia no aparecieron
los versos de José Martí,
fue repentismo en grado superlativo de dos
bates de liga mayor.
Cheo Marquetti, como cantor
local, le dio la bienvenida a Moré
tirándole flores, para que Beny en
su turno agradeciera y devolviera con categoría
y caballerosidad aquel recibimiento. Siguieron
en esa tónica un gran rato hasta
que decidieron buscar un tema específico.
Así que le cantaron a las niñas
de la noche que alegraban el lugar, a los
soneros que les acompañaban, así
como el dueño del Bremen, que al
salir de su oficina a ver qué causaba
los gritos y aplausos de cada intervención
de tan extraordinarios cantores, ordenó
el cierre inmediato de la cortina y tragos
para los que nos encontrábamos en
el sitio.
La controversia no tenía
para cuando terminar. Los temas surgían
uno tras otro y su desarrollo envuelto en
originalidad, calidad y buen gusto, me proporcionaron
no sólo aprendizaje, sino una admiración
imperecedera para dos soneros en toda la
extensión de la palabra. Para acabar
pronto, ¡de lo que ya no hay!
Espero no haberte aburrido
con mis recuerdos y por favor no tardes
en contestar. ¡Trata de ser feliz!
Ah, cuando salí del Bremen eran cerca
de las nueve de la mañana. ¡Vale!

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