El profesor de la Universidad
Javeriana Hernando Bernal Martínez
escribió en alguna oportunidad
lo siguiente: "Una de las mayores
deformaciones que sufre la música
de estos tiempos es la generada por
la industria que la comercializa. Como
ejemplo se presentan promociones de
trabajos de bajísima calidad
ante un público acrítico
y masivo.
Son las compañías productoras
las que deciden quien suena y quien
no, con criterios muchas veces sin fundamento,
ocasionando que muchos músicos
que realizan trabajos talentosos estén
fuera del mercado"; y el gran músico
brasileño Hermeto Pascoal agrega,
en una entrevista lograda por el mismo
profesor Bernal Martínez: "La
música comercial, la música
por dinero, es como la lluvia: puede
ser muy fuerte pero pasa rápido;
entonces la gente espera que pase y
listo. La música de verdad, la
que yo llamo música universal,
esa no se acaba nunca, esa música
continúa evolucionando".
En el enmarañado
y en muchas ocasiones, viciado mundo
de la música popular, existen
maestros que no se dejan llevar por
los vaivenes que plantean los poderosos
consorcios musicales, artistas que no
hacen conseciones con las grandes transnacionales
de la industria del disco y prefieren
no ser ubicados en las listas de los
mimados del público y de los
empresarios y ser mirados con recelo
por quienes controlan los movimientos
dentro de este negocio, antes que ser
infieles a sus principios irrespetuosos
con sus raíces.
Este podría ser
el caso de un pianista sencillamente
maravilloso, un virtuoso que entregó
generosamente su talento respetando
profundamente sus principios, un maestro
que a pesar de las dificultades conservó
siempre ese entusiasmo y esa idea de
darle a la música popular de
nuestros pueblos el status que merece,
un luchador incansable que luego de
muchos años de brega y en una
tierra extraña y totalmente opuesta
a nuestra cultura, alcanzó el
justo reconocimiento a sus sacrificios
y desvelos por hacer de la música
latina una expresión importante
en el escenario internacional, su nombre:
Alfredo Rodríguez.
Como se escuchó
en alguna oportunidad de labios de un
comentarista jocoso, Alfredo Rodríguez,
este excelente pianista, director musical,
arreglista y compositor, parece ser
el resultado de una mezcla entre yoruba
y chino.
Para la ya larga historia
de la expresión musical del caribe,
los barrios humildes de las grandes
del caribe, los barrios humildes de
las grandes urbes del área representan
el lugar perfecto para el nacimiento,
crecimiento y consolidación de
la música popular; pues es allí
donde se viven las alegrías,
sacrificios, luchas, angustias y pesares
que posteriormente se plasman en páginas
musicales que traspasan fronteras y
se convierten, muchas de ellas en clásicas
e imprescindibles, a la hora de hacer
un balance objetivo y con criterios
serios de las obras fundamentales del
repertorio popular del caribe.
En La Habana, los barrios de rumba han
servido de inspiración a muchos
músicos para componer páginas
importantes y reconocidas, basta citar
como ejemplo los aportes hechos por
"El ciego Maravilloso": Arsenio
Rodríguez, en este sentido, cuando
con su potente conjunto nos pone a gozar
y a recordar con piezas como: "Juventud
Amaliana", "Los Sitios Hacere",
"El rumbón de Luyanó",
"Juventud de Cayo Hueso",
"Pueblo Nuevo se pasó",
"A Belén le toca ahora"
y "El Cerro tiene la llave";
en las cuales exalta los valores musicales
y humanos de estos barrios, en cuyas
aceras y callejones reposan recuerdos
y crónicas de una incalculable
riqueza cultural.
Uno de estos barrios es El Vedado, la
cuna de Alfredo en donde vio la luz
en 1937 y cuyo recuerdo permaneció
vigente en la mente y el corazón
del maestro.
A propósito de esto, permítanme
recordar una grabación lograda
por Alfredo en 1993 en la que recuerda
a su barrio querido y en la que además
se destaca coincidiendo con Maya Roy
conocida cronista, "su esencia
en el lirismo musical" y agrega:
la pieza "María y María"
retrata la vida de dos mujeres que la
historia ha separado y las dos están
presentes en el corazón del pianista;
una obra musical donde se instaura un
diálogo entre ritmos afrocubanos,
síncopas y elementos del Jazz".
Un aparte de la pieza reza así:
“Allá en el Barrio de El
Vedado
A la orilla del río:
Dos casitas una al lado de la otra
Y dos Marías.
Un día, una de
las dos dejó su tierra
se fue lejos
del otro lado del mar.
La otra sabía
que volvería.
Es así que durante treinta años,
Cada noche, de pie en el portal,
María esperaba a María”
Y es que esa sensibilidad,
ese lirismo, esa exquisitez, lo llevó
Alfredo desde muy niño. En una
entrevista lograda por los cronistas
Leopoldo Tablante y Pablo Larraguibel,
el maestro expresaba su interés
por la música clásica
la cual estudió desde joven en
La Habana; ese gusto por la música
clásica universal, se reflejaba
en las interpretaciones del pianista,
su cadencia, su delicadeza y cuidado
al momento de la ejecución del
instrumento, le valieron los mejores
elogios de parte de la crítica
especializada, además, su marcado
interés por el trabajo de maestros
universales como Debussy y Rachmaninoff,
constituyó también una
herramienta valiosa para la confección
de la obra de Alfredo.
En la isla de Cuba nació
el interés del pianista por la
música, el cabaret y las fiestas
de pueblo, fueron los espacios propicios
para el fortalecimiento de este sentimiento,
pero fue la capital del mundo, la ciudad
de Nueva York, donde el pianista se
hace músico de verdad.
Alfredo llega a esta ciudad en los albores
de la década de 1960, cuando
contaba 23 años, se radica allí
buscando nuevos horizontes. Después
de desarrollar algunas labores ajenas
a la música, acepta la invitación
de Arsenio Rodríguez a continuar
estudiando y a dedicarse por completo
a la música.
Ese amor y el gran respeto
profesados por Alfredo por la expresión
musical fueron influenciados por grandes
maestros, unos pertenecientes a la corriente
clásica, como lo anotábamos
anteriormente, y otros que son leyendas
en el ámbito de la música
popular. Uno de esos músicos
importantes que influenciaron al pianista
fue Pedro Justiz, conocido por Tirios
y Troyanos como "Peruchín".
Este extraordinario maestro que se inspira
en Chopin en lo clásico y en
George Shearing en el jazz, fue reconocido
como un pianista innovador y modernista
para su época y uno de los pioneros
del latín jazz. "Peruchín"
creó con sus "tumbaos"
y variaciones su propio estilo, el "estilo
Peruchín", una forma de
tocar que ha servido de norte a una
gran camada de pianistas entre quienes
contamos a Alfredo Rodríguez,
quien fue amigo personal de "Peruchín"
y uno de sus más fervientes discípulos.
Fueron varias las páginas
que Alfredo le dedicó a su maestro
Pedro Justiz "Peruchín"
conocido también como "El
piano de Oriente", "El rey
de las teclas" o "El marqués
de marfil" y quien Alfredo catalogó
como uno de los más grandes pianistas
cubanos de ayer, hoy y mañana;
algunas de estas piezas son: "Te
espero en el mar", "Tumbao
Peruchín" y de la cosecha
de "Perucho, "Eh, mamey colorao".
La carrera musical de Alfredo Rodríguez
en Estados Unidos la podríamos
catalogar como una maratón difícil,
complicada y tortuosa; pues fueron muchas
las orquestas por las que desfiló
el pianista, siempre como músico
acompañante. Su trabajo se hace
difícil, porque a pesar de ser
un genio, un virtuoso, los grandes consorcios
y los propios directores de las orquestas,
nunca le dieron el estatus que el pianista
merecía. Otra de las razones
por las cuales su carrera en Estados
Unidos se hizo complicada y tortuosa,
fue precisamente el aspecto que analizábamos
comenzando este artículo, el
profundo respeto que profesaba el maestro
por sus principios y su estilo en la
ejecución del piano. Retomando
la entrevista de los cronistas Tablante
y Larraguibel, a propósito del
tema que tratamos en este momento, Alfredo
expresa: "En Nueva York cuando
había que estar dentro de la
candela yo estuve metido y nunca cedí
a mis principios. Cuando mucha gente
se regalaba por cuatro pesos, por decir
"estoy tocando con fulano",
yo siempre seguí mi línea.
No los criticaba, pero yo no lo hacía.
Yo aguanté 22 ó 23 años
en Nueva York, allí conocí
a muchos que eran bravos, que no le
tenían miedo a nada y los vi
llorar, si no era el frío, era
el idioma o la frialdad de la gente".
Quizás debido a esta forma de
pensar el maestro no era visto con buenos
ojos por los directores y propietarios
de las grandes casas del disco y quizás
también, esa sea una de las razones
por las cuales el pianista no tuvo una
estabilidad marcada en ninguna orquesta
y pasó de una banda a otra con
tanta rapidez, que la lista de agrupaciones
que acogieron al pianista se me antoja
extensa. A continuación enumero
alguno de estos colectivos en los cuales
trabajó Alfredo, tanto en la
ciudad de Nueva York, como en la ciudad
de Miami:
CONJUNTO SENSACIÓN
DE REY ROIG
SEXTETO DE JOE CUBA
ORQ. DE VICENTICO VALDÉS
CHARANGA DE BELISARIO LÓPEZ
ORQ. DE WILLIE ROSARIO
ORQ. DE JUSTO BETANCUR
ORQ. DE ALFREDO "CHOCOLATE"
ARMENTEROS
ORQ. DE JOSÉ MANGUAL JR.
CHARANGA 76
CHARANGA LA REINA
CHARANGA DE JOSÉ ANTONIO FAJARDO
ORQ. DE ARTURO CAMPA
ORQ. DE MARIO MUÑOZ SALAZAR "PAPAÍTO"
CONJUNTO SON DE LA LOMA
ORQ. DE JESÚS ALEMAÑY
AMADOU BALAKE Y LA AFRO CHARANGA
ORQ. DE ISMAEL RIVERA
ORQ. DE LUPE VICTORIA YOLÍ, "LA
LUPE”
CELIA CRUZ
CONJUNTO IRAZÚ
ORQ. DE LOUI COLÓN
ORQ. DE TATA VÁSQUEZ
DANIEL SANTOS
CHINO RODRÍGUEZ Y LA CONSAGRACIÓN
ORQ. NOVEL
ALFREDO DE LA FE
LITA BRANDA
ROBERTO PLA
FRANKLIN VELOZ
Pero varias de sus grabaciones especiales
las logró al lado de un eximio
percusionista: Carlos "Patato"
Valdés. Alfredo fue invitado
por "Patato" a grabar con
su banda, a la vez el pianista contó
con los servicios del conguero en su
orquesta. Podríamos catalogar
esta combinación como una fusión
de dos fuerzas poderosas, dos mentes
creativas, trabajando unidas para expresar
ese sabor y sentimiento que sólo
dos virtuosos como ellos podían
ofrecer. Alfredo y "Patato"
son innovadores cada uno en su instrumento
y ambos marcaron el sendero que han
seguido muchos teniendo presentes las
enseñanzas de los dos genios.
De esta unión surgieron álbumes
antológicos como: "Ready
For Freddy" bajo la etiqueta LP
Ventures Inc., "Sonido sólido",
"Cuba Nueva York París"
y "Patato Valdés Único
y Diferente", entre otros.
Pero como el mismo Alfredo
lo expresa: "Nueva York es un país
diferente de los Estados Unidos",
esta ciudad se convierte para muchos
en una jungla de cemento, en una urbe
que asfixia a aquellos artistas sensibles
y alejados del ámbito meramente
comercial y publicitario. Esta clase
de artistas buscan nuevos aires, nuevos
rumbos, nuevas oportunidades; "Monsieur
oh la lá" (como se conoce
a Alfredo) no resistía un minuto
más en una ciudad que no entregaba
nada interesante e innovador para él
y decide radicarse definitivamente en
el viejo continente, una empresa difícil,
teniendo en cuenta las distancias culturales
existentes entre el frío habitante
europeo y el descomplicado, alegre y
fiestero representante del caribe tropical.
Pero el ingenio, el tesón, el
compromiso y profesionalismo del pianista,
le permitieron abrir poco a poco las
puertas y el corazón tanto del
público, como de los músicos
y empresarios, quienes vieron en Alfredo
un diamante precioso para enriquecer
el concepto cultural caribe en su tierra.
En el viejo continente Alfredo Rodríguez
amplió el horizonte afro - antillano,
abriéndole las puertas de este
maravilloso mundo a un puñado
de músicos europeos, quienes
entendieron la idea del pianista y se
dejaron contagiar de la sapiencia y
el sabor de los músicos latinos,
entregando como resultado un producto
que deleita el gusto del más
exigente de los melómanos.
Y es Francia el país
escogido por el músico para comenzar
la conquista de Europa; su centro de
operaciones es el barrio Montmatré
a donde llega en el año 1983.
Fue tanta la empatía del pianista
con este país y con su gente,
que a partir de ese momento su carrera
tomó un rumbo diferente, ascendiendo
vertiginosamente hasta ser reconocido
como uno de los grandes de la música
afro-antillana del viejo continente,
apareciendo con frecuencia en los grandes
clubes, salas de concierto y festivales
de jazz.
En el país galo Alfredo conoce
a una mujer interesantísima,
quien desarrolló un trabajo muy
importante al lado del maestro: Miké
Charropin. Miké se desempeñó
como productora ejecutiva, asistente
de ingeniería, plasmó
igualmente el concepto musical y artístico
en varias de las obras de Alfredo y
se presentó también como
vocalista y arreglista.
Fue tanta la importancia que tuvo Francia
en el resurgimiento de la carrera de
Alfredo Rodríguez, que el músico
expresó su agradecimiento en
varias páginas como: "Mademoiselle
Yi Yí", "El Boule Boulevard",
"Monsieur oh la lá",
"Monsieur José" y "Para
Francia flores"; además
Alfredo es el encargado de ejecutar
un hermoso acompañamiento de
piano en el Guaguancó "Rumba
pa´ París" con Carlos
"Patato" Valdés.

No nos cansaremos de
destacar el carácter innovador
y vanguardista de Alfredo Rodríguez,
quien por su inquietud introduce elementos
nuevos y conceptos diferentes a ritmos
y expresiones tan arraigadas y con tanta
tradición como el Guaguancó,
las Canciones del Culto Palo Monte,
la Rumba y la Conga; y es precisamente
Miké Charropin quien en sus notas
nos describe ese trabajo experimental
del pianista: "El piano no forma
parte de los instrumentos de la Rumba",
dice Alfredo, "sin embargo, la
fusión es realizable. El piano
le da a la Rumba un color diferente
y una acentuación característica.
En el tema "Para Francia flores
y para Cuba también", se
presenta un emocionante dúo entre
canto y piano convirtiéndose
en Guaguancó; el Guaguancó
se transforma en Conga Oriental, por
primera vez en la historia de la música
cubana, un piano desafía a una
comparsa santiaguera de carnaval la
Conga de Los Hoyos la más popular
de la isla. Imprevista fusión
donde piano, voces, percusión,
corneta china, se llaman y se responden
en un lenguaje mágico".
Otra de las facetas interesantes y diferentes
en la carrera de Alfredo Rodríguez
fue la de cantante. Esta es una información
curiosa, la cual se puede sustentar
con piezas vocalizadas por el pianista
como: "Namporte qui Namporte cua",
"África 93" y "Yoya",
esta última a dúo con
Miké Charropin.
Alfredo Rodríguez recorrió
largos caminos, caminos muy difíciles
en su historia musical acompañando
a muchas de las grandes figuras de la
salsa y el jazz, recorrido que le ayudó
a obtener una vasta experiencia para
lanzarse como solista y tener la autoridad
para aconsejar a músicos jóvenes.
El pianista hace parte de un selecto
grupo de virtuosos quienes dejaron una
estela de calidad en toda su obra musical;
su trabajo sólo fue reconocido
luego de radicarse en Europa, pues si
bien es cierto que en Estados Unidos
trabajó con muchas bandas, no
pasó de ser un simple músico
acompañante (así lo veían
los empresarios y directores), limitando
su capacidad creadora.
Infortunadamente el cáncer truncó
la vida y la carrera de "Monsieur
oh la lá", ocasionándole
la muerte el lunes 3 de octubre de 2005,
la Agencia Francesa de Prensa informó
así acerca de este lamentable
hecho:
“París (AFP). El pianista
cubano Alfredo Rodríguez falleció
a los 69 años en el hospital
parisino de Bretonneau, debido a un
cáncer, anunciaron este martes
fuentes del entorno del músico,
quienes precisaron que su muerte se
produjo el lunes 3 de octubre. Rodríguez
se estableció en París
en 1983 y desde entonces se convirtió
en una figura emblemática de
la música latina y del latín
jazz en Europa.
Su último disco, CUBAN JAZZ,
realizado con el grupo Los Acerekó,
apareció en el año 2003.
Una celebración religiosa en
su memoria se llevará a cabo
el viernes a las 14:30 (hora local)
en la iglesia parisina de San Pedro
de Montmatré, barrio en el que
Rodríguez vivía."
Estas una discografía
mínima de Alfredo Rodríguez
como solista:
ALFREDO RODRÍGUEZ "Sonido
Sólido"
TR Records 1983
Vocalistas: Eugenio Arango "Totico",
Carlos "Patato" Valdés,
Luis Ayala
.ALFREDO RODRÍGUEZ "Monsieur
oh la lá"
Caimán Records 1985
Vocalistas: Adalberto Santiago, Jimmy
Sabater.
ALFREDO RODRÍGUEZ "Para
Yoya"
Blen Caraibes 1993
Vocalistas: Alfredo Rodríguez,
Miké Charropin, Pedro Calvo Jr.
ALFREDO RODRÍGUEZ "Cuba
Linda"
Rykodisc Aníbal Records.
Vocalista: Gregorio Hernández
"El Goyo".
“Cuban Jazz" ALFREDO RODRÍGUEZ
y "Los Acerekó"
Naxos World.
Vocalistas: Bobby Carcasés y
Joel Hierrezuelo.
Se fue el gran Alfredo
Rodríguez, un virtuoso que se
entregó por completo a difundir
y a cultivar las raíces musicales
del caribe, un hombre a quien le gustaba
caminar y filosofar y quien con su disciplina
y dedicación nos dió ejemplo
y nos enseñó a ser insobornables
y profundamente respetuosos con la tradición.
FUENTES CONSULTADAS.
Leopoldo Tablante y Pablo Larraguibel:
"Alfredo Rodríguez, solo
contra el mundo". www.anapapaya.com/especiales/e-arodrig.html
Hernando Bernal Martínez: "Hermeto
Pascoal Brasil Universo". Revista
91.9, Universidad Javeriana. Nº
18, Septiembre Noviembre de 1997. pp.
4 7.
Maya Roy: "Alfredo Rodríguez".
Notas en el disco "Para Yoya",
Blen Caraibes 1993.
Miké Charropin: Comentarios en
el disco "Cuba Linda" Rykodisc,
Aníbal Records, 1996.
Agencia Francesa de Prensa (AFP).
Programa Radial "El lenguaje de
Son" Emisora Cultural Universidad
de Antioquia, Sistema de Radio Educativa.
1.410 a.m. Sábados 5 p.m. Viernes
9 p.m.