Es de anotar que este
proyecto de músico llamado Dámaso
Pérez Prado, llegó a cursar
un año de medicina, pero luego
dejó todo por la música.
En 1940, buscando nuevas
oportunidades llegó a la Habana
e inició actuaciones en el Cabaret
Pensylvania, donde le pagaban por tocar
el piano $ 1.45 por noche. En ese entonces
también comenzó a hacer
arreglos musicales a razón de $
2 cada uno.
Posteriormente Pérez
Prado trabajó como pianista en
la Orquesta de Paulina Álvarez
y luego colaboró en otro cabaret
llamado El Kursal.
En esos días se
encontró con una de las figuras
grandes de la canción en Cuba en
aquellos tiempos, el cotizado Orlando
Guerra “Cascarita”; Pérez
Prado hizo arreglos para este cantante,
quien se los enseñó a Liduvino
Pereira, director de la gran orquesta
cubana Casino de la Playa…y a los
pocos días Dámaso era el
pianista de esta fabulosa agrupación.
La primera orquesta propia
que tuvo Pérez Prado, la formó
en la Habana, con la colaboración
incluso del propio Cascarita y otros músicos
de la Casino de la Playa.
Con su primera agrupación grabó
temas como Kuba Mambo, Rica , Kon Toma,
Agony, Saca la mano, Habana, Candela y
otras. En esas melodías ya estaba
el mambo, pero los empresarios cubanos
consideraron que sus arreglos eran muy
modernos y poco comerciales.
En 1949, le hizo unos
arreglos a un paisano suyo que gozaba
de fama continental: Kiko Mendive. Este
quedó tan satisfecho que le dijo
a Pérez Prado:
-Chico; tu pierdes el
tiempo aquí en Cuba; tienes que
irte a Méjico…allá
está tu futuro; mira Dámaso,
allí hay mucho cine, una vida nocturna
maravillosa, la radiodifusión mejicana
es extraordinaria y además nos
tienes a nosotros, tus paisanos; así
que tu futuro está en Méjico.
Posteriormente Pérez
Prado comentaba que había salido
de Cuba, no por necesidad o buscando futuro,
sino por discriminación racial;
y se quejaba de que todo extranjero que
quería triunfar en el continente,
solo necesitaba triunfar en Cuba; en cambio
el cubano que quería triunfar,
tenía que salirse de su país.
Pérez Prado llegó
a Méjico en 1949 y Kiko Mendive
le presentó a la vedette cubana
Ninón Sevilla, quien hospedó
a Dámaso en su propia casa.
El maestro primero observó
el ambiente farandulero de ciudad de Méjico
y luego se dio a la tarea de formar su
maravillosa orquesta. En esta agrupación
figuraron Modesto Duran en la tumbadora,
pero también estaban como percusionistas
Aurelio Tamayo y Clemente Piquero; fueron
trompetistas Chilo Morán, José
Solís y Guadalupe Montes y además
la orquesta contaba con un grupo de bailarines
comandado por la sensacional coreógrafa
Chello de la Rue.
El debut de la orquesta
de Pérez Prado en Méjico,
fue el 8 de abril de 1950, sábado
de gloria y también sábado
de gloria para Pérez Prado, pues
ese día oficialmente apareció
el mambo en el teatro Follies Bergere
de la capital azteca. Posteriormente esta
maravillosa orquesta actuó en el
Salón Brasil y el triunfo fue tan
grande, que el propio Pérez Prado
comentaba:
-Esa noche la gente se
enloqueció, me felicitaban, me
besaban, me jalaban y querían romperme
el único vestidito que tenía.
Luego Pérez Prado
y su orquesta son presentados ante los
micrófonos de la sala de grabación
de la disquera RCA Víctor; allí
grabaron un tema titulado José
y Macame, el cual enviaron a la casa matriz
en Nueva York. La respuesta de los disqueros
gringos fue:
-Ese señor cubano
está muy adelantado musicalmente;
pero díganle que debe hacer cosas
más comerciales.
Entonces la orquesta graba
dos números, que como decía
él, “fue los que abrieron
la brecha”: Que rico el mambo y
Mambo Nro 5, después aparecieron:
Mambo Nro 8, El Ruletero, Lupita, Ni hablar,
Mambo Universitario, La Chula linda y
muchísimos otros.
Pérez Prado se
apoyó en algunos trabajos hechos
por músicos como Orestes López,
René Hernández, Bebo Valdez
y Arsenio Rodríguez; pero a esas
bases les dio un giro total, tan supremamente
grande, que los mambos de Pérez
Prado en nada se parecen al danzón
mambo creado por Orestes López
en 1938, ni a los experimentos de los
otros compositores; y lo hecho por Pérez
Prado, es lo que el mundo tiene en mente
como mambo, así este termino hubiese
sido utilizado musicalmente muchos años
atrás.
Las primeras grabaciones
de Pérez Prado con su orquesta,
en Méjico, fueron hechas con 5
saxofones, en lugar de dos como era la
costumbre; con 5 trompetas, en lugar de
2 o 3 como era la costumbre; con 1 o 2
trombones, con 3 tumbadoras, con batería
norteamericana, con platillos al aire
y unos bongoseros maravillosos. Se hicieron
con alta fidelidad, con cámara
de eco, en estudios especiales y sobre
todo con los extraordinarios y maravillosos
arreglos de ese genio de la música
mundial llamado Pérez Prado.
Dámaso comenzó
a hacer unos arreglos que sorprendían
tanto a músicos como a escuchas;
y utilizó una percusión
cubanísima tremenda, unos saxofones
únicos hasta ese momento en la
música americana, y unas trompetas
que subían a tonalidades alarmantes
y solo escuchadas en su orquesta; que
quede bien claro que su estilo es latino,
que no lo sacó del jazz, pues recordemos
que Pérez Prado nació entre
música, ya que en su tierra, Matanzas,
se inventaron; el danzón, la rumba,
y el danzonete.
Pérez Prado, además
del piano tocaba saxofón, algo
de trompeta, batería, bajo y tumbadora;
y una cosa prodigiosa en él era
su facilidad para componer; pues le componía
una melodía a cualquier motivo
o personalidad en un momento y él
mismo decía:
-Yo puedo hacer un mambo
o cualquier canción en cuatro minutos.
Claro que Pérez
Prado hizo también obras sinfónicas
como La suite de las Americas, o extensas
como su Concierto de Bongó.
En 1951 Dámaso
Pérez Prado, vendió cuatro
millones de copias de su Que rico el mambo.
En 1955, vendió cinco millones
de discos con la interpretación
que hizo de Patricia, que posteriormente
fue escuchada en la película La
Dolce Vita de Federico Fellini.
El éxito del mambo
fue tan grande que en 1951 el Obispo de
Culiacán, Méjico, lo prohibió
porque “ya sabemos los movimientos
que tiene”. En ese mismo año
el Arzobispo Primado de Lima Gualberto
Guevara lo mandó al infierno y
dijo:
-¡Se condenará
quien baile al compás del mambo!
Y a los ocho días
Pérez Prado compuso una melodía
titulada precisamente Al compás
del mambo. En 1952, Miguel Ángel
Builes, Obispo de Santa Rosa de Osos en
Antioquia, Colombia, anunciaba la excomunión
para todos los practicantes del mambo.
Pero estos lamentos de
la iglesia, la sociedad y los rezanderos,
solo sirvieron para que se promoviera
más el mambo y para que su creador,
Pérez Prado, fuera todavía
más grande.
De este modo es como se
inicia la vida del Rey del mambo, del
“carefoca”, de uno de los
genios de la música mundial: Dámaso
Pérez Prado.
El autor es medico e investigador
musical, locutor y escritor de libros
como “Antioquia Bailaba Así”,
“La música parrandera paisa”,”Naci
en este barrio tan lindo (Robledo)”,
”Duetos y Trios del viejo Medellín”.