VIVA
RIVERA
Semblanza de uno de los grandes pianistas
y arreglistas de la expresión
Afro antillana
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Por
Marcelo Palacio Bermúdez
maraquero_69@hotmail.com |
| En
la música Afro antillana
se han destacado un sinnúmero
de hombres y mujeres que con su
trabajo han dejado una huella indeleble
en el escenario musical y han escrito
la historia con su talento y esfuerzo
personal; nombres como los de Mario
Bauza, Rafael Cortijo, Celia Cruz,
Tito Puente, Héctor Lavoe,
Frank Grillo “Machito”,
entre una inmensa lista, son reconocidos
como instituciones – o leyendas
si se quiere – en el recorrido
histórico de la música
de nuestros pueblos. Pero a la sombra
de estas grandes figuras se encuentra
el trabajo de otros titanes, músicos
entre los músicos, queridos
y respetados por sus colegas, pero
quienes por diferentes circunstancias
no contaron con un efectivo respaldo
comercial y su obra quedó
relegada sin ser conocida por el
gran público; una obra que
como los tesoros de los galeones
españoles estaba escondida,
pero que para fortuna de los melómanos,
ha sido recuperada poco a poco. |
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Uno
de estos genios ocultos es el maestro
Héctor Rivera, un excelente pianista,
compositor, arreglaste y director de orquesta,
nacido en Manhattan en 1933 en una familia
de ascendencia boricua; su padre y su
madre, ambos de Puerto Rico, eran apasionados
por la música, de ahí el
interés de Héctor por esta
expresión cultural.
Héctor
comienza su carrera tocando piano en la
Rumba Band de José Rodríguez,
con quien tocó en locales de fiesta,
teatros y clubes.
El maestro
quería expresar todas sus ideas musicales
con sus composiciones y arreglos y decide
matricularse en la Academia de música
Lecompte en la Ciudad de Nueva York, estudiando
bajo la dirección de Luis Varona,
y es aquí donde aprende todos los
secretos del Mambo. Pero es con la Orquesta
del maestro Elmo García con la que
Héctor tiene sus primeras experiencias
en arreglos y composición.
En el año
1952 decide lanzarse al escenario de los
líderes de bandas latinas y forma
su primera agrupación, la cual bautizó
como “Los tubos del Mambo”.
Luego de
este importante acontecimiento y de sus
presentaciones en el mítico Palladium,
Héctor Rivera fue reclutado por las
Fuerzas Armadas de Estados Unidos y enviado
a una misión a Corea; posteriormente
su escuadrón militar fue remitido
a Guam, donde al maestro le asignaron una
tarea especial: componer, orquestar y dirigir
una producción musical con la historia
del Mambo para el club nocturno GL. Recordemos
que GL significa “General Insue”
y fue un término utilizado por la
Fuerzas Armadas Norteamericanas para determinar
el personal armado raso, así como
sus armas, uniformes, equipo de transporte,
raciones, entre otros elementos.
Luego de
su baja del ejército en 1955, Héctor
refuerza su carrera estudiando arreglos
y composición moderna con Gil Fuller,
haciendo arreglos posteriormente para Stan
Kenton, Dizzy Guillespie y tocando piano
con la orquestas de Alfredito Levy y Moncho
Leña, actuando igualmente al lado
de figuras del calibre de Mon Rivera, Arsenio
Rodríguez, Vicentico Valdés,
entre otras.
Héctor
Rivera fue reconocido como uno de los más
talentosos y brillantes compositores y arreglistas
por ser definitivamente un revolucionario
en estos dos campos, entre 1955 y 1975 el
maestro se destacó como uno de los
gigantes del escenario musical del Nueva
York de la época.
Según la crítica especializada
el maestro es considerado un innovador,
pese a que en su época surgían
grandes estrellas que hacían más
difícil el trabajo, exigiendo del
músico todo su esfuerzo y talento.
El pianista
recorrió los senderos de los ritmos
latinos de moda en las décadas del
50 y 60, expresiones tan conocidas como
el Cha – cha – cha, el Mambo
y la Pachanga; destacándose igualmente
en la Rumba y el Bolero.
Pero a pesar
de su ascendencia latina y su virtuosismo
para encarar los ritmos del área,
el maestro incursionó, con una gran
visión y una calidad incomparable,
en ritmos cercanos a la juventud norteamericana
como el Soul, y también abordó
otros ritmos caribeños como el Calipso.
Héctor
Rivera no fue ajeno a los cambios revolucionarios
de los 60 y con una mentalidad de vanguardia
quiso llegar con su música al público
de Norte América y es así
como nos entregó varias piezas con
elementos tomados de expresiones foráneas,
los cuales le dan más fuerza al repertorio
del pianista, un repertorio que incluyó
de igual manera los híbridos surgidos
en el Spanish Harlem o el Barrio como un
grito desesperado de quien necesita ser
escuchado, a saber: el Boogaloo, el Shingalin,
entre otros.
Apropósito
de esto, permítanme contarles que
promediando el decenio de 1960, el maestro
publica un álbum titulado “
At the party whit Héctor Rivera”,
el cual catapultó la carrera del
pianista, gracias a la acogida que tuvo
entre la juventud y la difusión lograda
por los magazines especializados y por las
estaciones de radio; comentarios como el
siguiente se escucharon acerca de este fenómeno:
“El Soul ha alcanzado una gran dimensión,
una dimensión novedosa y salvaje;
esa dimensión tiene nombre propio:
Héctor Rivera”.
Gracias
a su talento, a su agudeza, exquisitez e
inteligencia, el maestro supo combinar los
sonidos; tomando como base los ritmos latinos
y fusionándolos con expresiones modernas,
logró un resultado tan excitante
que dejó atónitos a los más
exigentes conocedores del Soul y los ritmos
latinos.
Gracias
a este trabajo el pianista es recordado
también como uno de los más
fantásticos compositores del Latin
Soul, imponiendo de igual manera ritmos
tan pegajosos y modernos, para la época,
como el Soul Lyric. De esta experiencia
quedaron algunas piezas que causaron furor
dentro de la comunidad latina y anglosajona
en el Nueva York de los 60, destacamos entre
otras: “At the party”, “Shingaling
Baby”, “Playing it cool”,
“ I want you. I need you, I love you”.
Luego de
este interesante período, Héctor
Rivera se cotiza como un gran pianista y
arreglista, logrando el respeto y la admiración
de los músicos y productores de la
ciudad de Nueva York, muchos de quienes
recurrían a él para escuchar
sus consejos y aprender de su experiencia;
la charanga de Ray Barreto, el sexteto de
Joe Cuba, la banda de Ralph Robles, el trabuco
de Kako, la orquesta La Protesta de Tony
Pabón, el conjunto Managua de Yoyito
Cabrera y La Lupe, entre otras personalidades
de la música, contaron con los servicios
y la asesoría del maestro, quien
trabajó también como pianista
titular de conjuntos tan reconocidos como
el Tumbao de Johny Pacheco.
Esto se
escribió de Héctor a mediados
de la década de 1970: “En el
mundo de la música latina el nombre
de Héctor Rivera se posiciona muy
alto entre los gigantes. Sumado a esto,
sus arreglos y composiciones dicen quién
es quién entre los líderes
de la bandas latinas”
LOS DISCOS
Y LAS VOCES
Como anotábamos
al comienzo de este artículo, los
discos de Héctor Rivera son de difícil
consecución, pues la obra del maestro
no recibió el apoyo de los grandes
consorcios, convirtiéndose por ende
en joyas de colección que se han
develado con el tiempo. El maestro contó
con el apoyo y la participación de
grandes figuras y excelentes cantantes en
cada una de sus grabaciones, en este segmento
trataremos de entregarles algunos detalles
de una discografía básica
del pianista.
Una de sus
grabaciones más añejas es
lograda para la casa Mercury Récord
titulada “Let’s Cha cha cha”,
un álbum que contiene diez piezas,
ocho instrumentales y dos vocalizadas por
Frank Suoffront; este cantante se destacó
por sus grabaciones con agrupaciones tan
destacadas como la charanga de Oscar Buffartique
y el conjunto Guayama del tresero Charlie
Rodríguez y quien en nuestro medio
se hiciera famoso por ser el vocalista en
la segunda producción de la orquesta
Dicupé con números como “Pescando,
Pescando”, “El Son de la Dicupé”,
“Aquellos rumberos”, entre otros.
De “Let’s Cha cha cha”
se destacan los temas: “Yabucoa”,
“Tamborí”, “Cuba
Santy”, “Oiga el tambó”,
“La enfermedad”, entre otros.
El álbum
“At the party with Héctor Rivera”
lo analizamos someramente en algunas líneas
anteriores, pero permítanme complementar
la información. El disco se grabó
bajo la etiqueta Barry Récord exaltando
con éste el estilo Soul, combinado
con Shingalin y Calipsos; destacamos la
excelente versión del clásico
del Jazz Latino “Asia Minor”
original de Roger King Mozian.
Recordemos
que finalizando la década de los
50 y comenzando la de los 60, se vivió
el auge de un ritmo fiestero y pegajoso,
que gracias a su estructura y estilo contaba
historias sencillas de la cotidianidad,
el ritmo Pachanga. En esta tumultuosa época
llena de cambios y creatividad, Héctor
Rivera se convirtió en exponente
importante del ritmo Pachanga y graba dos
álbumes sencillamente extraordinarios:
“Viva Rivera” y “The new
latin dance sensation”, ambos para
la casa Epic Récord.
En ellos
el pianista hace un despliegue de sabor
y sabiduría, entregando un producto
de gran factura. Estrellas fulgurantes participaron
en las grabaciones, destacamos a Armando
Peraza, Marcelino Valdés, Rudy Calzado,
entre otros; como resultado de estos dos
trabajos se presento un repertorio muy interesante,
recordando los temas “Ya se formó”,
“Rumberos de ahora”, “Don
Sebastián”, “Linda mulata”,
“Tumba que tumba”, el clásico
“La boa” y “Petite”,
una pieza en versión instrumental
que posteriormente se convertiría
en una de las clásicas del repertorio
salsero gracias a la grabación lograda
por el sexteto de Joe Cuba acompañando
a Willie García y conocida por propios
y extraños como: “Mujer Divina”.
En la década
del 70 Héctor Rivera llega al culmen
de su producción salsera con álbumes
antológicos que según mi humilde
concepto hacen parte de las piezas capitales
en la historia de la salsa, pues la gran
mayoría de los temas son presentados
de forma tal, que colman las expectativas
del más exigente de los melómanos.
En este período se publicaron los
álbumes: “Hectomanía”
bajo la etiqueta Four Points, “Para
mi gente” y “Lo máximo”
ambos para la casa Tico Récord; y
el sensacional “The return of Héctor
Rivera y su orquesta, y vuelve” bajo
el sello UA Latino, dejando con ellos una
estela de temas que sin duda alguna fueron
confeccionados con toda la calidad y el
esmero que exige el tema salsoso; varios
de estos temas fueron:
”Acelerando”,
“Aunque mami no quiera”, “Tumba
el quinto”, “Guaguancó
para los pollitos”, “Llora como
yo”, “No creo en amores”,”Pa’
que puedan gozar”, entre otros.
“...pero
el mundo es adverso y encuentro que tú
no te fijas en mí”, así
reza un aparte del hermoso bolero “Piénsalo
bien”, una de las piezas clásicas
del repertorio latinoamericano, y que podría
ser con toda seguridad la queja del maestro
Héctor Rivera, un músico que
como lo anotábamos en algún
segmento de este artículo se ganó
el respeto de los colegas que tuvieron la
oportunidad de entrar en contacto con él;
y ese prestigio fue alcanzado gracias a
la calidad y a la capacidad creadora del
pianista. Pero infortunadamente el gran
público no lo reconoce como una de
sus estrellas, bien porque no han entendido
el mensaje de su música o bien porque
no se han detenido a analizar con profundidad
y seriedad la obra del maestro.
Según
la crítica, Héctor Rivera
creo toda una escuela con sus arreglos sugestivos
e innovadores, especialmente con el enfoque
dado al sonido de sus trompetas, enfoque
que sirvió de inspiración
para la consolidación del estilo
de agrupaciones surgidas a finales de la
década del 60 y comienzos de la del
70.
Por esto
y por muchas cosas más, el legado
del maestro Héctor Rivera tiene una
gran riqueza cultural y merece ser rescatado
y estudiado con juicio y dedicación
para no privarnos de la gracia de conocer
el fruto de una de las carreras musicales
más interesantes en el marco histórico
de la música Afro antillana y que
a la vez nos lleve a exclamar con energía
y entusiasmo... ¡VIVA RIVERA!
El autor
es Comunicador Social e Investigador de
la Música Afro antillana , actualmente
se desempeña como Director y Locutor
del programa radial “El lenguaje del
Son”, Emisora Cultural Universidad
de Antioquia, 1410Khz. a.m.
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