EL TOQUE CARIBE
|
Por
Favio Betancur |
Latino
es el teatro de la musa negra del
caribe; la música del son y
de la salsa, de la rumba y el bembé,
de los angelitos negros y la maestra
vida del barrio. Al son de la flauta
y la tumbadora, del bongó y
el trombón, de las cuerdas
y la trompeta, la danza tabacana en
cadencia de melao y ritmo de candela
en las caderas, construye un escenario:
el del toque Latino.
SALSA
quiere decir mezcla, hibrido, cruce
de dos caminos (europeo blanco y negro
Africano) en una síntesis original:
el criollo del caribe.
|
|
Mezcla de dos condimentos
para este ajiaco que llaman menú
y que tiene la pimienta del esclavo traído
de Africa Occidental (Antecedente Yoruba,
Bantú, Carabali, mandiga, Abakua)
y el salero español (antecedente
de romances y juglarias, de andaluces y
moros, de gallegos y castellanos, de sainetes
y cantos de cuna).
El mito de América
nos dice que en el principio era la poesía
y en el grano de la voz los hombres eran
tierra, eran trigo, eran maíz, y
eran arroz y el pilón era el asiento
del dios.
Y hubo una lluvia celestial
y nacieron otros dioses amarillos, blancos,
mulatos y negros y con ellos vino el faisán
de finas plumas y el mono bailó en
los bosques entre el palo de caucho y las
palmeras, y el chivo fué sacrificado
para hacer tambores con su piel y fiesta
con su carne; y de la madera salió
la clave y de las semillas las maracas y
los brujos fumaron hojas de tabaco para
elevarsen al cielo con el humo sagrado salido
de la calabaza mágica de estos sonajeros
y el canto de las ranas fué imitado
por las claves y del pilón de los
cereales nació el guiro o guacharaca;
y el cencerro se oyó entre los pastizales
y en el canto de vaquería del ganado
cimarrón.
Fué así como
el sol de la poesía se hizo cuerpo
musical, y nació de aquel, el dios
de la música, y el bebedor nocturno
conoció a Baco y a Dionisos el dios
griego bailarín y flautista, y el
bosque oyó los cantos de pan en su
caña siringa, y Sileno no dejó
de saltar y bailar.
Los dioses negros del caribe
invocaron las siete potencias, y nacieron
los toques a changó y a yemayá,
a Eleguá, y Obatalá, y el
siete rayos fue también Santa Bárbara,
y en su asiento de pilón y palma
real se hizo dios de la música y
del trueno como Changó (El Dionisos
negro) y hasta el dios cobrizo de los aztecas
danzó hasta atraer la lluvia y el
canto sagrado, y se llamó Tialoc.
Y después de los
soles vino la oscuridad y la confusión
y hubo plantaciones de esclavos, y depósitos
de cimarrones y hubo guerras y palenques.
Vinieron las plagas y el negro fué
triste en el barracón y huyó
de los bohíos, y en las ciudades
hubo música de blancos para los blancos
y música de negros para la
negramenta. Y los mestizos
se morían de tedio sin el canto de
sinsonte y los conciertos de negros. Y nació
el lamento y el ala triste se hizo ave migratoria
en el desierto de New York, y nació
la Salsa.
Aparecieron en escena los
cubanos y los Portorriqueños, los
Panameños y Dominicanos, y el viejo
San Juan y la vieja Habana, del Caney y
del son Oriental, de Santo Domingo y Panamá,
viajó el alma Latina y fué
el oasis de aquel desierto de la megalópolis.
Música con sabor
a barrio o barriada, viejo trovero desempolvando
las cuerdas típicas, tamborero apostando
la piel al fuego, y en una orquesta de nuevos
vientos hubo swing y hubo sentimientos de
raza Latina y el dios de los caminos mostró
el ritmático vuelo de las zapatillas
frente a las luces titilantes.
De los labios del sonero
salió un saludo celestial y en el
corazón del pulpo hubo un silencio
de música y baile de lejanía.
|